Por Luis Ignacio Cabrera
Sin lugar a dudas, el sector financiero ha sido durante los últimos treinta y cinco años el “niño mimado” del Sistema Internacional, apuntalado desde las grandes economías occidentales. Durante los primeros años de la década del setenta, el embargo petrolero iniciado por los países árabes contra occidente, en particular contra EE.UU. por el apoyo que este país había dado a Israel en la famosa guerra del Yom Kippur, generó la primer gran alza del precio del petróleo, que se elevó a niveles inusitados hasta el momento, esto trajo consigo grandes perdidas para los consumidores mundiales en general, pero una increíble ganancia para países productores e intermediarios en el proceso.La economía mundial se inundo de dólares o “petro-dólares” como muchos le llamaron, que no eran ni más ni menos que el excedente de esa renta extraordinaria, que en muchos casos no fué factible de ser reinvertida, por lo menos en el corto plazo y que por ende quedaron circulando buscando donde recaer. Así surgió la banca privada internacional que se hizo con esos capitales y debutó internacionalmente financiando deudas de países emergentes, muchos recordarán aquellos años de la “plata dulce” que tiempo después nos costaría millones de pobres.Pronto el fenómeno tuvo una impresionante expansión, para mediados de los ochenta el sector financiero manejaba resortes de gran importancia en la economía mundial y había encontrado el marco ideológico que lo sustentaría: el neoliberalismo.El atributo principal que el neoliberalismo le sostenía a esta banca privada internacional era la falta de regulación para su expansión en el mundo, y esta misma, pronto comenzaría a hacer estragos por la parte más débil: los países subdesarrollados. Hay que decir que todo esto se prfundizaba por el carácter altamente especulativo en el que se desenvolvía el proceso; además, el accionar del sector financiero contaba con la clara complicidad de los países centrales, que de hecho se sustentaban en gran medida de la banca.Y comenzaron las crisis, México, el Sudeste Asiático, Rusia, Brasil, Argentina, Turquía, todas crisis parecidas, todas en países periféricos y con un actor protagonista, el villano impune, ese sector financiero especulativo.Pero las economías centrales se empeñaron en seguir sosteniendo impune al sector, aun cuando el modelo mostraba fuertes contradicciones; es que la escenografía ya estaba montada: Un Fondo Monetario Internacional, como guardián oficial (hoy, ya no quedan dudas de ello) y reproductor del modelo, la banca off shore, los paraísos fiscales, etc. Ahora el sector se parecía más a un “adolescente rebelde apañado por sus padres”. Pero en las últimas semanas los descalabros comenzaron cada vez más fuertes ya no en plazas periféricas sino en las principales capitales financieras, Wall Street y la City londinense, la bolsa alemana y la francesa y el indice Nikkei en Japón se vienen desplomando persistentemente.Se ha teorizado muchísimo acerca de las causas del derrumbe, los vínculos con el sector inmobiliario y la burbuja que desató la debacle, pero lo cierto es que la incertidumbre golpea fuertemente la economía mundial y resulta claro que este modelo, tal como vino funcionando desde los años setenta, se ha agotado. La intervención estatal a través de los billonarios paquetes de rescate y la compra estatal de acciones de los mayores bancos privados, es la muestra de cuan profundamente arraigado ha estado el sector financiero en su papel de regente del sistema económico internacional y hasta que punto los gobiernos de los países desarrollados están comprometidos a sostenerlo en esa posición, auqneu hoy parezca difícil que esto suceda.Pero no solo esto nos revela esta profunda crisis, también nos deja ver, ya sin ningún tipo de dudas, el carácter altamente funcional a los intereses financieros privados de los organismos multilaterales de crédito como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), instituciones ambas que durante los periodos de crisis en los países periféricos, exigieron medidas de protección a las inversiones y de no intervención estatal y que hoy, con el mundo desarrollado en crisis, revierten su discurso en ciento ochenta grados.Para terminar, quedemos de acuerdo, el sistema financiero mundial ya no es más un “niño mimado” ni un “adolescente consentido” hoy se ha convertido en “un hombre mayor que necesita reglas claras” y como adulto es preciso que se maneje dentro de un marco legal que lo regule y permita encaminar sus esfuerzos hacia el beneficio de la mayor cantidad de mortales posible. Los tiempos de libertinaje han terminado y es necesario que la responsabilidad social se convierta en un concepto que por lo menos sea tenido en cuenta en los pasillos de Wall Street y de las demás bolsas del mundo ¿será mucho pedir esto?
miércoles, 29 de octubre de 2008
El problema de nuestra Politica Exterior
Por Luis Ignacio Cabrera
Las actuales dificultades argentinas a nivel externo, como así también la irrelevancia de la posición de nuestro país a la hora de la toma de decisiones por parte de los grandes actores internacionales, tiene múltiples causas, algunas de orden domestico, otras inducidas por la realidad mundial.
La historia política y económica reciente de la Argentina ha sido uno de los más insoslayables fundamentos de dicha irrelevancia. En el ámbito interno, nuestro país fue una mezcla gobiernos populares con golpes de Estado y represión, desaparecidos con nuevos pobres, créditos gigantescos con default. Para el mundo, llegamos a ser alumnos ejemplares del FMI y al poco tiempo nos transformamos en los mayores deudores; de país "No Alineado" en los "80" corrimos a las filas de los más fervientes admiradores de la política exterior norteamericana de post guerra fría en los "90", para finalmente encontrarnos hoy tratando de encuadrar una política exterior con diversas aristas que, cuanto menos, resultan ser confusas, cercanos al pragmatismo brasileño pero también muy vinculados al "Socialismo del Siglo XXI" de la Venezuela de Chavez; con una noción tan abarcativa como la de Derechos Humanos como pilar de nuestra política internacional pero manifestando importantes atisbos pragmáticos a la hora de entender el interés nacional y las relaciones con los vecinos.
Así los discursos acerca de la necesaria unión latinoamericana o de la incersión argentina en el mundo en boca de los hacedores de nuestra política exterior son muchas veces no más que justamente eso, discursos cargados de buenas intenciones pero de poco raigambre en la realidad; claro que esto no es responsabilidad de un gobierno en particular, entenderlo así sería hacer un análisis por demás de simplista.
Durante las ultimas tres décadas el elemento común de la política exterior argentina fueron las visiones de corto plazo y el viraje constante de los objetivos centrales de la misma, como vimos en los anteriores ejemplos, así cualquier política publica (y la política exterior no deja de serlo) con tal nivel de fluctuación, esta condenada indefectiblemente al fracaso.
Ahora bien, ¿el problema es que los Derechos Humanos sean un pilar fundamental de nuestra política exterior? o ¿Qué nos involucremos de lleno en el proyecto de las nuevas izquierdas sudamericanas, aun cuando el interés pragmático siga, en el fondo, primando en los vínculos entre estas? Ni lo uno, ni lo otro, el problema es la indefinición.
Resultan notables los avances de la economía argentina en los últimos años, un sector externo fuerte, superhábit fiscal en todas sus variantes, continuidad en el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) a tasas pocas veces experimentadas por la economía argentina, etc. y si bien podríamos detenernos para discutir acerca de diversos puntos problemáticos como la inflación, los polémicos índices del INDEC (que es un factor tenido muy en cuenta por los inversionistas extranjeros) o la necesidad de un mayor desarrollo infraestructural, son incuestionables los avances posteriores a la crisis de 2001-2002. Pero aun así esto no implica necesariamente que la imagen o el desempeño del país en el exterior mejore proporcionalmente. Si bien la política exterior como política publica no es un compartimento estanco, si posee una dinámica singular, mucho más afectada, como es evidente, por el contexto internacional.
El Caracter de la Politica Exterior
Mucho podríamos teorizar acerca del carácter que debe tener una política exterior exitosa, pero para acotarnos a este breve análisis, debemos decir que una política internacional puede ser exitosa o errónea a juzgarse por los resultados que ella arroje en materia de beneficios económicos, políticos, sociales o simbólicos entre otros, y esto en el mediano o en el largo plazo; pero lo que no debe, es tornarse inconsistente, es decir una política exterior carente de esencia, contradictoria en la dualidad discurso-acción o en relación a los intereses nacionales, los cuales deben ser necesariamente definidos o destacados ya que ellos trascienden a los gobiernos de turno, es decir son un elemento central de cualquier política exterior de Estado. De esta manera podemos aseverar que toda política exterior cuenta con tres elementos o características que no se pueden ignorar: 1- Las estrategias y medios, que son básicamente los medios tangibles e intangibles con los que cuenta un país y la manera en que estos son utilizados en relación a diversos objetivos dados. 2-Objetivos, son las metas a cumplir, en el mediano o largo plazo, que movilizan los recursos del país y en el mejor de los casos están enfocadas al seguimiento de una orientación. 3-Orientación, es la principal característica ya que esta marcada por la continuidad de diversos intereses y políticas a través de diferentes gobiernos, engloba a las estrategias y medios, y a los objetivos, en suma la orientación es lo que permite que una política exterior tenga carácter de política de Estado.
Hacia una Politica Exterior consistente
Y con lo anteriormente dicho en mente, no basta hacer un profundo análisis para darse cuenta que en nuestro país los diferentes gobiernos durante las ultimas décadas utilizaron las estrategias y los medios a su alcance, platearon diversos objetivos con mayor o menor éxito, pero lo que no consiguieron es tener una orientación clara y continuada de hacia donde debía posicionarse nuestro país en el mundo, es decir los intereses que movilizaron a la política exterior argentina fueron divergentes, perdiéndose de vista la consecución de un interés nacional que se impusiera por sobre los intereses particulares o sectoriales.
Seguramente una orientación de la política exterior no se consigue de la noche a la mañana, es más bien un arduo esfuerzo de elaboración y seguimiento, pero parece necesario, en el actual contexto de incertidumbre mundial, comenzar a definir cuales son realmente los elementos que deben constituir el interés nacional y a partir de allí diseñar una política exterior que tenga razones fuertes para sobrevivir al actual gobierno y modele la previsibilidad que el mundo requiere a todo actor que quiera ser tenido en cuenta en la arena internacional.
Labor compleja, pero no carente de recompensas, es probable que no necesariamente implique el abandono de actuales o históricos enunciados de nuestra política externa, pero si será imperiosa una mayor definición.
En términos simples y prácticos la afirmación clara de la política exterior argentina debe incluir elementos objetivos tales como la posición de nuestro país en el comercio internacional como gran exportador de materias primas, situación en la que somos uno de los principales países del mundo, pero no debe perder de vista el objetivo de la agregación de valor sobre dichos productos a la hora de competir en el mundo, nuestra agro-industria puede jactarse de estar en pleno desarrollo y tiene claramente el mayor de los potenciales para convertirse en la más importante a nivel global; el papel de las industrias de base y la de alta tecnología, levemente desarrollas, debe ser reevaluado, ¿estamos dispuestos a pagar el precio por el desarrollo de las mismas? Creo sin lugar a dudas que la búsqueda de desarrollo de la industria de alta tecnología debería convertirse en uno de los pilares más importantes de la política estratégica nacional, el actual gobierno ha comenzado a dar los primeros pasos al respecto, contamos con una importante reserva de recursos humanos como pocos países en vías de desarrollo, pero aún queda mucho por hacer. El desarrollo de altas tecnologías como es evidente elevaría la importancia de nuestro país en el mundo.
En definitiva, será necesario comenzar a definir que lugar queremos ocupar en el mundo de mañana, y para eso, el trabajo de elaboración y consenso se debe realizar si o si hoy.
Las actuales dificultades argentinas a nivel externo, como así también la irrelevancia de la posición de nuestro país a la hora de la toma de decisiones por parte de los grandes actores internacionales, tiene múltiples causas, algunas de orden domestico, otras inducidas por la realidad mundial.
La historia política y económica reciente de la Argentina ha sido uno de los más insoslayables fundamentos de dicha irrelevancia. En el ámbito interno, nuestro país fue una mezcla gobiernos populares con golpes de Estado y represión, desaparecidos con nuevos pobres, créditos gigantescos con default. Para el mundo, llegamos a ser alumnos ejemplares del FMI y al poco tiempo nos transformamos en los mayores deudores; de país "No Alineado" en los "80" corrimos a las filas de los más fervientes admiradores de la política exterior norteamericana de post guerra fría en los "90", para finalmente encontrarnos hoy tratando de encuadrar una política exterior con diversas aristas que, cuanto menos, resultan ser confusas, cercanos al pragmatismo brasileño pero también muy vinculados al "Socialismo del Siglo XXI" de la Venezuela de Chavez; con una noción tan abarcativa como la de Derechos Humanos como pilar de nuestra política internacional pero manifestando importantes atisbos pragmáticos a la hora de entender el interés nacional y las relaciones con los vecinos.
Así los discursos acerca de la necesaria unión latinoamericana o de la incersión argentina en el mundo en boca de los hacedores de nuestra política exterior son muchas veces no más que justamente eso, discursos cargados de buenas intenciones pero de poco raigambre en la realidad; claro que esto no es responsabilidad de un gobierno en particular, entenderlo así sería hacer un análisis por demás de simplista.
Durante las ultimas tres décadas el elemento común de la política exterior argentina fueron las visiones de corto plazo y el viraje constante de los objetivos centrales de la misma, como vimos en los anteriores ejemplos, así cualquier política publica (y la política exterior no deja de serlo) con tal nivel de fluctuación, esta condenada indefectiblemente al fracaso.
Ahora bien, ¿el problema es que los Derechos Humanos sean un pilar fundamental de nuestra política exterior? o ¿Qué nos involucremos de lleno en el proyecto de las nuevas izquierdas sudamericanas, aun cuando el interés pragmático siga, en el fondo, primando en los vínculos entre estas? Ni lo uno, ni lo otro, el problema es la indefinición.
Resultan notables los avances de la economía argentina en los últimos años, un sector externo fuerte, superhábit fiscal en todas sus variantes, continuidad en el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) a tasas pocas veces experimentadas por la economía argentina, etc. y si bien podríamos detenernos para discutir acerca de diversos puntos problemáticos como la inflación, los polémicos índices del INDEC (que es un factor tenido muy en cuenta por los inversionistas extranjeros) o la necesidad de un mayor desarrollo infraestructural, son incuestionables los avances posteriores a la crisis de 2001-2002. Pero aun así esto no implica necesariamente que la imagen o el desempeño del país en el exterior mejore proporcionalmente. Si bien la política exterior como política publica no es un compartimento estanco, si posee una dinámica singular, mucho más afectada, como es evidente, por el contexto internacional.
El Caracter de la Politica Exterior
Mucho podríamos teorizar acerca del carácter que debe tener una política exterior exitosa, pero para acotarnos a este breve análisis, debemos decir que una política internacional puede ser exitosa o errónea a juzgarse por los resultados que ella arroje en materia de beneficios económicos, políticos, sociales o simbólicos entre otros, y esto en el mediano o en el largo plazo; pero lo que no debe, es tornarse inconsistente, es decir una política exterior carente de esencia, contradictoria en la dualidad discurso-acción o en relación a los intereses nacionales, los cuales deben ser necesariamente definidos o destacados ya que ellos trascienden a los gobiernos de turno, es decir son un elemento central de cualquier política exterior de Estado. De esta manera podemos aseverar que toda política exterior cuenta con tres elementos o características que no se pueden ignorar: 1- Las estrategias y medios, que son básicamente los medios tangibles e intangibles con los que cuenta un país y la manera en que estos son utilizados en relación a diversos objetivos dados. 2-Objetivos, son las metas a cumplir, en el mediano o largo plazo, que movilizan los recursos del país y en el mejor de los casos están enfocadas al seguimiento de una orientación. 3-Orientación, es la principal característica ya que esta marcada por la continuidad de diversos intereses y políticas a través de diferentes gobiernos, engloba a las estrategias y medios, y a los objetivos, en suma la orientación es lo que permite que una política exterior tenga carácter de política de Estado.
Hacia una Politica Exterior consistente
Y con lo anteriormente dicho en mente, no basta hacer un profundo análisis para darse cuenta que en nuestro país los diferentes gobiernos durante las ultimas décadas utilizaron las estrategias y los medios a su alcance, platearon diversos objetivos con mayor o menor éxito, pero lo que no consiguieron es tener una orientación clara y continuada de hacia donde debía posicionarse nuestro país en el mundo, es decir los intereses que movilizaron a la política exterior argentina fueron divergentes, perdiéndose de vista la consecución de un interés nacional que se impusiera por sobre los intereses particulares o sectoriales.
Seguramente una orientación de la política exterior no se consigue de la noche a la mañana, es más bien un arduo esfuerzo de elaboración y seguimiento, pero parece necesario, en el actual contexto de incertidumbre mundial, comenzar a definir cuales son realmente los elementos que deben constituir el interés nacional y a partir de allí diseñar una política exterior que tenga razones fuertes para sobrevivir al actual gobierno y modele la previsibilidad que el mundo requiere a todo actor que quiera ser tenido en cuenta en la arena internacional.
Labor compleja, pero no carente de recompensas, es probable que no necesariamente implique el abandono de actuales o históricos enunciados de nuestra política externa, pero si será imperiosa una mayor definición.
En términos simples y prácticos la afirmación clara de la política exterior argentina debe incluir elementos objetivos tales como la posición de nuestro país en el comercio internacional como gran exportador de materias primas, situación en la que somos uno de los principales países del mundo, pero no debe perder de vista el objetivo de la agregación de valor sobre dichos productos a la hora de competir en el mundo, nuestra agro-industria puede jactarse de estar en pleno desarrollo y tiene claramente el mayor de los potenciales para convertirse en la más importante a nivel global; el papel de las industrias de base y la de alta tecnología, levemente desarrollas, debe ser reevaluado, ¿estamos dispuestos a pagar el precio por el desarrollo de las mismas? Creo sin lugar a dudas que la búsqueda de desarrollo de la industria de alta tecnología debería convertirse en uno de los pilares más importantes de la política estratégica nacional, el actual gobierno ha comenzado a dar los primeros pasos al respecto, contamos con una importante reserva de recursos humanos como pocos países en vías de desarrollo, pero aún queda mucho por hacer. El desarrollo de altas tecnologías como es evidente elevaría la importancia de nuestro país en el mundo.
En definitiva, será necesario comenzar a definir que lugar queremos ocupar en el mundo de mañana, y para eso, el trabajo de elaboración y consenso se debe realizar si o si hoy.
"Cortito al pie": Educación
“La ignorancia mata al pueblo” dice un viejo proverbio, pocas frases son más acertadas al actual contexto social en el que vivimos. Argentina era el único país en Latinoamérica a principios del siglo XX, que casi había erradicado el analfabetismo, un logro admirable para aquella época y para esta región. Hoy la realidad nos muestra que el índice de analfabetismo en nuestro país es comparativamente mayor al que fue, es decir que en estos años de grandes medios que monopolizan el flujo de información, del Internet accesible, de las grandes tecnologías, de los celulares con mil funciones, hemos retrocedido, hoy hay gente que no sabe lee o escribir. Podríamos atribuirle muchísimas causas a este fenómeno, pero esto es solo un indicador de la actualidad socio-educativa la que tiene diversos matices y que muchas veces resulta demasiado compleja.
Lo cierto es que la falta de educación es la más terrible situación de vulnerabilidad que un ser humano puede vivir, entre otras cosas porque lo convierte en un potencial instrumento de personas o grupos con diversos intereses y no le permite reflexionar sobre las acciones que es motivado a hacer. Se convierte el hombre en un arma y es “carne de cañón” ante cualquier eventualidad, entrega su destino a la voluntad de terceros y carece de herramientas para defenderse de la manipulación de estos como dijimos anteriormente.
Por eso es necesario entender la centralidad de la educación cuando pensamos en un modelo de País más inclusivo ya no como discurso únicamente, sino como una realidad tangible. Es decir que el modelo educativo este estratégicamente pensado y articulado con las diferentes instituciones sociales y sea prioritario a la hora del reparto presupuestario. En cuanto a esto ultimo es de destacar que la inversión que un país hace en educación tiene frutos en el mediano y largo plazo, por lo cual muchas veces la urgencia posterga decisiones necesarias, por eso es prioritario instalar el debate sobre la necesidad de una educación de calidad con miras al futuro, en todos los ámbitos sociales en los cuales nos desenvolvemos.
Lo cierto es que la falta de educación es la más terrible situación de vulnerabilidad que un ser humano puede vivir, entre otras cosas porque lo convierte en un potencial instrumento de personas o grupos con diversos intereses y no le permite reflexionar sobre las acciones que es motivado a hacer. Se convierte el hombre en un arma y es “carne de cañón” ante cualquier eventualidad, entrega su destino a la voluntad de terceros y carece de herramientas para defenderse de la manipulación de estos como dijimos anteriormente.
Por eso es necesario entender la centralidad de la educación cuando pensamos en un modelo de País más inclusivo ya no como discurso únicamente, sino como una realidad tangible. Es decir que el modelo educativo este estratégicamente pensado y articulado con las diferentes instituciones sociales y sea prioritario a la hora del reparto presupuestario. En cuanto a esto ultimo es de destacar que la inversión que un país hace en educación tiene frutos en el mediano y largo plazo, por lo cual muchas veces la urgencia posterga decisiones necesarias, por eso es prioritario instalar el debate sobre la necesidad de una educación de calidad con miras al futuro, en todos los ámbitos sociales en los cuales nos desenvolvemos.
martes, 28 de octubre de 2008
Desde abajo hacia arriba
Muchos de los problemas que vivimos como sociedad son el resultado de nuestra propia falta de compromiso y participación en todos los campos de la vida en comunidad. Nos hemos mal acostumbrado a cargar todas las responsabilidades en los hombros del Estado, ya sea el Municipal, el Provincial o el Nacional, y ciertamente el papel de estos es un condicionante importantísimo para el buen desenvolvimiento de los vínculos sociales, pero no tiene porque ser el único determinante.
Lo que decimos es que nosotros como militantes sociales, futuros dirigentes o simples vecinos, tenemos la responsabilidad de construir desde abajo hacia arriba y no esperar que alguna iniciativa estatal nos abra paso. La construcción desde “abajo hacia arriba” tiene que ver con la acción que emprendemos después de involucrarnos en la necesidad real del espacio en el que nos movemos, sea la cuadra, el Barrio o el Municipio. Este conocimiento de la necesidad real nos motiva a llevar adelante acciones que por un lado motivan la construcción de una realidad diferente y por otro fortalecen nuestras creencias (Ideología) en que esa realidad es realmente posible.
La motivación no debe estar en algún beneficio material o social momentáneo, sino en construir un mejor ambiente para nosotros y un mundo mejor para las generaciones de argentinos que nos seguirán. Es mucho lo que hay que hacer y no todo depende de los gobernantes de turno, seria un grave error sentarnos a esperar que ellos hagan todo por nosotros, es necesario que hoy mismo tengamos el valor para empezar a construir con nuestras herramientas, por pequeñas que sean, el País que queremos.
El Estado, sin duda, deberá ir adelante en todo esto, pero la construcción desde abajo hacia arriba que planteamos, le dará un verdadero cimiento al cambio social que esperamos.
En definitiva es hacer realidad aquel viejo postulado: “No te la pases preguntándote que va a hacer tu País por vos, sino, pregúntate que podes hacer vos por tu País”.
Lo que decimos es que nosotros como militantes sociales, futuros dirigentes o simples vecinos, tenemos la responsabilidad de construir desde abajo hacia arriba y no esperar que alguna iniciativa estatal nos abra paso. La construcción desde “abajo hacia arriba” tiene que ver con la acción que emprendemos después de involucrarnos en la necesidad real del espacio en el que nos movemos, sea la cuadra, el Barrio o el Municipio. Este conocimiento de la necesidad real nos motiva a llevar adelante acciones que por un lado motivan la construcción de una realidad diferente y por otro fortalecen nuestras creencias (Ideología) en que esa realidad es realmente posible.
La motivación no debe estar en algún beneficio material o social momentáneo, sino en construir un mejor ambiente para nosotros y un mundo mejor para las generaciones de argentinos que nos seguirán. Es mucho lo que hay que hacer y no todo depende de los gobernantes de turno, seria un grave error sentarnos a esperar que ellos hagan todo por nosotros, es necesario que hoy mismo tengamos el valor para empezar a construir con nuestras herramientas, por pequeñas que sean, el País que queremos.
El Estado, sin duda, deberá ir adelante en todo esto, pero la construcción desde abajo hacia arriba que planteamos, le dará un verdadero cimiento al cambio social que esperamos.
En definitiva es hacer realidad aquel viejo postulado: “No te la pases preguntándote que va a hacer tu País por vos, sino, pregúntate que podes hacer vos por tu País”.
lunes, 27 de octubre de 2008
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