miércoles, 29 de octubre de 2008

El problema de nuestra Politica Exterior

Por Luis Ignacio Cabrera

Las actuales dificultades argentinas a nivel externo, como así también la irrelevancia de la posición de nuestro país a la hora de la toma de decisiones por parte de los grandes actores internacionales, tiene múltiples causas, algunas de orden domestico, otras inducidas por la realidad mundial.
La historia política y económica reciente de la Argentina ha sido uno de los más insoslayables fundamentos de dicha irrelevancia. En el ámbito interno, nuestro país fue una mezcla gobiernos populares con golpes de Estado y represión, desaparecidos con nuevos pobres, créditos gigantescos con default. Para el mundo, llegamos a ser alumnos ejemplares del FMI y al poco tiempo nos transformamos en los mayores deudores; de país "No Alineado" en los "80" corrimos a las filas de los más fervientes admiradores de la política exterior norteamericana de post guerra fría en los "90", para finalmente encontrarnos hoy tratando de encuadrar una política exterior con diversas aristas que, cuanto menos, resultan ser confusas, cercanos al pragmatismo brasileño pero también muy vinculados al "Socialismo del Siglo XXI" de la Venezuela de Chavez; con una noción tan abarcativa como la de Derechos Humanos como pilar de nuestra política internacional pero manifestando importantes atisbos pragmáticos a la hora de entender el interés nacional y las relaciones con los vecinos.
Así los discursos acerca de la necesaria unión latinoamericana o de la incersión argentina en el mundo en boca de los hacedores de nuestra política exterior son muchas veces no más que justamente eso, discursos cargados de buenas intenciones pero de poco raigambre en la realidad; claro que esto no es responsabilidad de un gobierno en particular, entenderlo así sería hacer un análisis por demás de simplista.
Durante las ultimas tres décadas el elemento común de la política exterior argentina fueron las visiones de corto plazo y el viraje constante de los objetivos centrales de la misma, como vimos en los anteriores ejemplos, así cualquier política publica (y la política exterior no deja de serlo) con tal nivel de fluctuación, esta condenada indefectiblemente al fracaso.
Ahora bien, ¿el problema es que los Derechos Humanos sean un pilar fundamental de nuestra política exterior? o ¿Qué nos involucremos de lleno en el proyecto de las nuevas izquierdas sudamericanas, aun cuando el interés pragmático siga, en el fondo, primando en los vínculos entre estas? Ni lo uno, ni lo otro, el problema es la indefinición.
Resultan notables los avances de la economía argentina en los últimos años, un sector externo fuerte, superhábit fiscal en todas sus variantes, continuidad en el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) a tasas pocas veces experimentadas por la economía argentina, etc. y si bien podríamos detenernos para discutir acerca de diversos puntos problemáticos como la inflación, los polémicos índices del INDEC (que es un factor tenido muy en cuenta por los inversionistas extranjeros) o la necesidad de un mayor desarrollo infraestructural, son incuestionables los avances posteriores a la crisis de 2001-2002. Pero aun así esto no implica necesariamente que la imagen o el desempeño del país en el exterior mejore proporcionalmente. Si bien la política exterior como política publica no es un compartimento estanco, si posee una dinámica singular, mucho más afectada, como es evidente, por el contexto internacional.

El Caracter de la Politica Exterior

Mucho podríamos teorizar acerca del carácter que debe tener una política exterior exitosa, pero para acotarnos a este breve análisis, debemos decir que una política internacional puede ser exitosa o errónea a juzgarse por los resultados que ella arroje en materia de beneficios económicos, políticos, sociales o simbólicos entre otros, y esto en el mediano o en el largo plazo; pero lo que no debe, es tornarse inconsistente, es decir una política exterior carente de esencia, contradictoria en la dualidad discurso-acción o en relación a los intereses nacionales, los cuales deben ser necesariamente definidos o destacados ya que ellos trascienden a los gobiernos de turno, es decir son un elemento central de cualquier política exterior de Estado. De esta manera podemos aseverar que toda política exterior cuenta con tres elementos o características que no se pueden ignorar: 1- Las estrategias y medios, que son básicamente los medios tangibles e intangibles con los que cuenta un país y la manera en que estos son utilizados en relación a diversos objetivos dados. 2-Objetivos, son las metas a cumplir, en el mediano o largo plazo, que movilizan los recursos del país y en el mejor de los casos están enfocadas al seguimiento de una orientación. 3-Orientación, es la principal característica ya que esta marcada por la continuidad de diversos intereses y políticas a través de diferentes gobiernos, engloba a las estrategias y medios, y a los objetivos, en suma la orientación es lo que permite que una política exterior tenga carácter de política de Estado.

Hacia una Politica Exterior consistente

Y con lo anteriormente dicho en mente, no basta hacer un profundo análisis para darse cuenta que en nuestro país los diferentes gobiernos durante las ultimas décadas utilizaron las estrategias y los medios a su alcance, platearon diversos objetivos con mayor o menor éxito, pero lo que no consiguieron es tener una orientación clara y continuada de hacia donde debía posicionarse nuestro país en el mundo, es decir los intereses que movilizaron a la política exterior argentina fueron divergentes, perdiéndose de vista la consecución de un interés nacional que se impusiera por sobre los intereses particulares o sectoriales.
Seguramente una orientación de la política exterior no se consigue de la noche a la mañana, es más bien un arduo esfuerzo de elaboración y seguimiento, pero parece necesario, en el actual contexto de incertidumbre mundial, comenzar a definir cuales son realmente los elementos que deben constituir el interés nacional y a partir de allí diseñar una política exterior que tenga razones fuertes para sobrevivir al actual gobierno y modele la previsibilidad que el mundo requiere a todo actor que quiera ser tenido en cuenta en la arena internacional.
Labor compleja, pero no carente de recompensas, es probable que no necesariamente implique el abandono de actuales o históricos enunciados de nuestra política externa, pero si será imperiosa una mayor definición.
En términos simples y prácticos la afirmación clara de la política exterior argentina debe incluir elementos objetivos tales como la posición de nuestro país en el comercio internacional como gran exportador de materias primas, situación en la que somos uno de los principales países del mundo, pero no debe perder de vista el objetivo de la agregación de valor sobre dichos productos a la hora de competir en el mundo, nuestra agro-industria puede jactarse de estar en pleno desarrollo y tiene claramente el mayor de los potenciales para convertirse en la más importante a nivel global; el papel de las industrias de base y la de alta tecnología, levemente desarrollas, debe ser reevaluado, ¿estamos dispuestos a pagar el precio por el desarrollo de las mismas? Creo sin lugar a dudas que la búsqueda de desarrollo de la industria de alta tecnología debería convertirse en uno de los pilares más importantes de la política estratégica nacional, el actual gobierno ha comenzado a dar los primeros pasos al respecto, contamos con una importante reserva de recursos humanos como pocos países en vías de desarrollo, pero aún queda mucho por hacer. El desarrollo de altas tecnologías como es evidente elevaría la importancia de nuestro país en el mundo.
En definitiva, será necesario comenzar a definir que lugar queremos ocupar en el mundo de mañana, y para eso, el trabajo de elaboración y consenso se debe realizar si o si hoy.

1 comentario:

Anónimo dijo...

odio a los kirchner
son los 2 unos mal paridos