jueves, 8 de octubre de 2009

"Lo que supimos conseguir"

Luis Ignacio Cabrera

La Argentina es un país con tradición en política exterior, o quizas deberíamos decir con mucha historia en la materia. Bastaría solo con ver la proyección internacional que consiguió el país a finales del siglo XIX, o mencionar postulados como la doctrina Drago de 1902, el tratado del ABC de principios del siglo XX y su reedición en el periodo peronista bajo la noción de la Tercera Posición, además surgirían ideas como el neutralismo, la visión principista o el realismo periférico de años recientes. Todas estas fueron maneras en la cuales los argentinos han concebido el lugar del país en este mundo, ahora bien, lo que queda evidenciado haciendo un repaso de estas es que la Argentina ha carecido de una visión de largo plazo sobre como insertarse globalmente Sin embargo, y aun cuando estas diversas tendencias carecieron de un sostenimiento temporal, todas las mencionadas tuvieron su asidero ideológico o en su defecto pragmático, todas estaban asentadas en una forma de ver la realidad internacional y todas pretendían moldear el rumbo de la Argentina en ella aun cuando finalmente no lo consiguieran.
Pero hoy, a diferencia del pasado, la política exterior navega sin rumbo alguno, ya no se trata de idealismo irrealizable o pragmatismo inconcluso, es más bien un reaccionismo endémico, nunca bien definido, timorato por momentos y en ocasiones grandilocuente y verborrágico pero con tan poca permanencia en el tiempo que desnuda como una gran paradoja la precariedad del pensamiento que rige la política exterior. Se trata básicamente del clímax de una traspolación del fracaso de las políticas publicas internas al comportamiento externo del país y claro, como es predecible, dicho estado de indefinición naturalmente ha potenciado notablemente el estado de indefensión internacional de la Argentina y manifestado notoriamente su irrelevancia en la arena global.
¿Qué pasó durante todo el siglo XX y estos nueve años del XXI, para que una Nación con tanto potencial llegue a tocar fondo como nos pasa a los argentinos hoy? ¿En que mente medianamente racional podría elaborarse un argumento completo para explicar que un país como el nuestro, tiene más analfabetos hoy que hace cien años o que los indicies de desnutrición infantil lleguen a valores altísimos, siendo netos exportadores de alimentos? ¿O que resultemos un actor irrelevante en las relaciones internacionales, ya no globales, sino americanas?
Esto básicamente es el fracaso de una sociedad toda, ya no del Gobierno de turno o de un sector corporativo en particular, por una política errónea o por los malos juicios de un ministro. Lo que nos pasa a los argentinos trasciende a una generación y engloba a la nación vista como una continuidad histórica única. ¿Pero por que? ¿Qué nos pasó en el camino? ¿En que parte de la historia nos desviamos?.
Sería ingenuo de esta manera, criticar los estrechos vínculos del Gobierno actual con la Venezuela chavista o, en las antípodas, las relaciones carnales con los EE.UU. de la década menemista, sin pensar que estas políticas no han sido más que el reflejo de la ausencia notoria de objetivos propios como país, de sueños concretos como nación y de visión de largo plazo. Hoy es Venezuela, mañana quizás vuelva a ser EE.UU. o ¿por que no? Brasil, ¿Están bien o están mal estos vínculos sinérgicos? Ni bien, ni mal, lo malo es que no tengamos un rumbo concreto al cual dirigirnos como pueblo. Es que cuando uno se acostumbra a depender de otro, el comportamiento persiste aun cuando de quien uno depende ya no este más, sea por la razón que fuere. El dependiente nunca llega a la mayoría de edad, siempre culpará de su fracaso al otro con el cual se alineo en un momento. Sin cargar con la culpa por su irresponsabilidad, permanece en un estado de adolescencia crónica.
Este es, el estado de nuestra querida Argentina hoy, un país con una identidad conflictuada. Sin dudas no somos los peores, aunque tampoco somos los mejores, “somos lo que supimos conseguir”, pero podemos ser mejores si redefinimos nuestro rumbo, si conseguimos ponernos de acuerdo acerca de que país queremos ser en el futuro y nos establecemos reglas claras para conseguirlo.