miércoles, 14 de septiembre de 2011

Una nueva mirada acerca del papel argentino en África

Lic. Luis I. Cabrera


La política exterior argentina deberá indefectiblemente reorientar su rumbo en los próximos años. Esto no quiere decir que sea necesario un cambio total, o que todo lo que el país esté llevando adelante hoy en materia internacional deba ser abandonado, por el contrario, esta reorientación tiene más que ver con una ampliación de la visión externa del país, que de ahora en más deberá estar sustentada en un enfoque más profundo de los objetivos internacionales argentinos.
Una cuestión central en ello es la definición (o en algunos casos la redefinición) de los vínculos internacionales.
Naturalmente la Argentina tiene relaciones estructurales que resultan fundamentales para el posicionamiento global, el trabajar sobre ellas es parte ineludible del armado de la política exterior, el caso de la vinculación con Brasil o con los Estados Unidos, las cuales abarcan una gran cantidad de aspectos objetivos de la vida nacional, deja en evidencia esto.
También nuestro país tiene la necesidad de tener una política regional activa en América Latina. Es realmente importante en este caso que se potencien las relaciones bilaterales y los espacios de integración a la vez, sin caer en el error de una selectividad pragmática o coyuntural que limite las posibilidades de hacer nuevos socios.
Pero además de esto, las condiciones, características y capacidades de nuestro país,[i] lo obligan a desarrollar una política exterior de alcance global. El diseño de la misma requiere de un esfuerzo de debate y proyección, que no debe dejar librado al azar ninguna región del mundo.
Los problemas actuales de la política exterior devienen en gran medida de una actitud, de una mentalidad parroquial, a la cual debemos desterrar para avanzar hacia una nueva etapa internacional de la Argentina.
En este marco, es que aparece África, continente tradicionalmente relegado por los hacedores de nuestra política exterior, el cual sin embargo asoma para un futuro no muy lejano, como complementario y potencialmente muy rico para nuestros intereses.
Es cierto que podemos encontrar muchas publicaciones sobre como debería hacer nuestro país una política exterior hacía África, esto indudablemente deberá ser objeto de un debate especializado, sin embargo aquí abordaremos algunas condiciones puntuales que nos van a abrir interesantes perspectivas al respecto.

África es un continente basto y heterogéneo  

Aún cuando esto resulta ser algo evidente a los ojos de cualquier observador atento, debemos recalcarlo para no caer en generalizaciones que limiten el alcance de las potenciales políticas en África.  Así como resulta difícil hoy hablar de una única América Latina, en el continente africano podemos encontrar países grandes y pequeños, países con una economía en vías de desarrollo y países sumamente pobres. Naciones cultural y religiosamente muy diversas entre si (islámicos, cristianos, animistas, por mencionar a las tres principales tendencias).
En resumen, África es una región del mundo con muchísima potencialidad, algunas zonas particularmente pueden ser para la Argentina, de extrema relevancia en un futuro no muy lejano.
Es necesario, por lo tanto, agrupar en conjuntos a las naciones africanas cuya similitud o proximidad permita diseñar una política exterior única.

Focalizando una región en particular

Como dijimos anteriormente podemos subdividir al continente africano en varias subregiones, cuyas características, fisonomía y potencialidades difieren entre si.
En el presente resumen nos enfocaremos en una en particular,[ii] una que en apariencia parece ser la menos atractiva y que sin embargo esconde un interesante potencial. Esta es la región que comprende a países como Somalia, Djibuti, Eritrea, Kenia y Etiopia.[iii]
La elección no es aleatoria, recientemente el famoso matutino neoyorkino, The New York Times, publicó en su portada una foto de un niño somalí en un grado extremo de desnutrición, alertando sobre la alarmante situación en esta región del mundo, la impactante imagen se dio a luz justo cuando los principales medios globales daban cuenta de la aprobación de una ley fundamental en el Congreso estadounidense para evitar el default financiero de la primera económica del planeta.[iv]
La situación alimentaria en esta parte de África es dramática. La mayor sequía en años en la zona viene arrojando centenares de muertos por la falta de alimentos, el consumo de agua contaminada, o simplemente la falta de ella. Pero el problema de los alimentos no es solo coyuntural en esta región del planeta, la pobreza extrema es algo completamente estructural,  parte de la vida cotidiana, ninguno de los países cuenta con gobiernos capaces de revertir la situación y la ayuda proveniente de Naciones Unidas o de algunas otras organizaciones internacionales parece ser siempre insuficiente.
La población total conjunta en esta parte del mundo asciende a casi 150 millones de personas de los cuales más de un 70% vive en una situación de extrema pobreza. Las causas pueden ser varias, pero principalmente la deforestación indiscriminada y las sequias que ello trajo aparejado, han dado por tierra con el frágil sistema productivo agrícola del cual vivían la mayor parte de los hoy afectados por la hambruna. Todo ello, sumado a la ausencia de infraestructuras agrícolas y fluviales capaces de paliar la situación ha convertido en un desierto lo que alguna vez fueron sembradíos.

La oportunidad argentina

Como mencionamos anteriormente la Argentina es uno de los principales productores de alimentos del mundo, es probable que los adelantos tecnológicos aplicados al sector del agro incrementen año a año la producción, como mínimo durante el siguiente lustro, lo cual nos arroja de plano una situación claramente complementaria entre la necesidad en aquella zona africana y el excedente productivo argentino. Ahora bien, debemos preguntarnos ¿Qué se debe hacer con ello? ¿Acaso la Argentina tiene que simplemente enviar ayuda alimentaria como lo hacen algunos países u organizaciones humanitarias? ¿De que manera ello redituaría a nuestro país? ¿O es que se puede ir más allá y alcanzar una situación de cooperación que nos permita hablar de beneficios mutuos antes que de simplemente ayuda alimentaria?
Desde nuestro punto de vista es necesario desterrar el concepto de ayuda alimentaria unilateral aplicada por varios países desarrollados u Organizaciones multilaterales, cuyos resultados en aspectos concretos se han mostrado sumamente insuficientes, en vez de ello, la Argentina puede impulsar una política de promoción para las empresas nacionales dedicadas al agro a fin de facilitarles una primera gran experiencia de transnacionalización en aquella región del mundo.
Aclararemos esta noción con algunos puntos centrales.

·         La complementariedad de dicha política consistirá en, por un lado, revertir la situación productiva en estos países africanos, en los cuales la agricultura tradicional practicada y los insuficientes sistemas fluviales y de riego, resultan extremadamente rudimentarios para alcanzar los niveles de producción necesarios. Y por otra parte, permitirá a las competitivas empresas agrícolas y agroindustriales argentinas vivir una experiencia desconocida de transnacionalización que se transforme en trampolín hacia otras regiones.
·         El Estado argentino debe comprometerse en dicha política de promoción, comprometiendo financiamiento, gestión ante los estados africanos, acompañamiento, direccionamiento y protección. Todo ello redituará inmediatamente en un mejoramiento de la imagen internacional del país, además de los beneficios económicos derivados del gravamen lógico sobre las ganancias que reporten las empresas nacionales en el mediano plazo.
·         El control y direccionamiento por parte del Estado argentino es uno de los puntos centrales en una primera etapa. Ya que se trata de una iniciativa pública, es necesario que se definan los objetivos específicos, así como las regiones adonde las empresas deben instalarse, los requisitos para que estas lo hagan, el financiamiento que recibirán y el seguimiento una vez instaladas y funcionando. No debemos olvidarnos que se trata de una política pública de la Argentina hacia el mundo, y como tal, su objetivo general debe redundar en el mejoramiento de la política exterior y el posicionamiento internacional del país.
·         Finalmente y en paralelo es fundamental el fortalecimiento diplomático con los mencionados países africanos. Es ineludible a tales fines, la instalación de oficinas diplomáticas en aquellos estados adonde no las haya (actualmente la Argentina solo tiene una embajada en Kenia, encabezada por un Encargado de Negocios), y la facilitación para la instalación de embajadas de dichos estados en Buenos Aires.

Claro está que será necesario consensuar las cuestiones puntuales con las correspondientes representaciones sectoriales, aun así más allá de eso, lo que pretendemos dejar en claro es que la presente iniciativa pretende ser un modelo de cómo abrir un nuevo abanico de posibilidades para nuestro país en una región del mundo a la cual tenemos desatendida.


[i] La Argentina es uno de los principales productores mundiales de alimentos. Posee, además, una importante experiencia en el desarrollo y aplicación de la tecnología nuclear para uso pacífico, siendo además un referente global en lo relativo a No Proliferación. Dentro de su territorio se extiende también, una importante porción del Acuífero Guaraní, principal reserva de agua dulce subterránea del planeta. Más aun, a pesar de la pérdida de terreno en los últimos años, la Argentina sigue siendo el país latinoamericano con el mejor Índice de Desarrollo Humano (IDH) y líder, junto a Chile y Uruguay, en ingreso per cápita de la región.
[ii] Un abordaje exhaustivo posterior nos permitirá trabajar sobre cada una de las regiones del continente africano con mayor detenimiento.
[iii] Todos estos países, exceptuando a Kenia, comprenden el llamado “cuerno de África”.
[iv] The New York Times, portada de la edición impresa del 2 de agoto de 2011.