Luis I. Cabrera
Si ponemos en perspectiva estos dos siglos de historia oficial argentina, con la extensisima historia universal de las civilizaciones, concluiriamos rapidamente que somos indefectiblemente una nación muy joven, con una historia muy corta.
Sin embargo ello no sería suficiente para justificar procesos inconclusos o debilidades estructurales propias de un Estado-Nación recien constituído porque de hecho, si evaluamos dichos desvaríos sociales o institucionales y tenemos en cuenta otros ejemplos de países “jovenes” como los EE.UU., Canadá o Australia, doscientos años no es poco.
Pero ¿podemos hacer un balance general de doscientos años de independencia politica? Empezaremos con un recorrido historico.
Quizas el comienzo de las paradojas en nuestra historia sea el primer gobierno patrio alla en 1810, y diremos así, porque ese primer paso independentista estuvo dado por la ausencia de un gobierno en la metropolis y de hecho esta primera junta se constituyo en nombre del cautivo rey Fernando VII, quien sería el primer gran enemigo de la joven Argentina algunos años después.
A pesar de todo ello, este primer Gobierno manifestaba en las ideas de sus miembros dos grandes visiones que perduararían en el imaginario politico argentino por muchisimos años.
Por un lado los conservadores, con Cornelio Saavedra a la cabeza, que veían la necesidad de mantener un vínculo cuasicolonial con España o la potencia que fuere en el caso que esta ultima se encontrara imposibilitada. Para estos, era imperioso el mantenimiento del Status Quo y la no modificación de los privilegios sociales y economicos del periodo colonial. Esta facción temía una “revolución” al estilo francés en 1789, con sus respectivas consecuencias y siguió otorgandole a los españoles privilegios sobre los criollos y por supuesto a los nativos. Su cosmovisión centrada en la superioridad europea fue y probablemente es, uno de los rasgos más fuertes de la genetica de las elites argentinas.
Los otros, encabezados por Mariano Moreno y por Juan José Castelli, fueron los romanticos de aquel mayo del 10, creyeron profundamente en la revolución como una transformación politica, social y economica radical, como el inicio de la liberación del hombre americano oprimido por el hombre español. Aun cuando se los acusó constantemente de jacobinos radicales (en alusión a una de la facciones más radicales de la revolución francesa, identificados con las ideas de Rousseau), sus pensamientos combinaban ideas roussounianas con postulados de los independentistas norteamericanos, y con el pensamiento economico liberal inglés, dejando en claro el carácter avanzdo y moderno de sus ideas.
La vida publica argentina de aquella primera parte del siglo XIX, estuvo marcada por la presencia de grandes hombres en todos los sentidos. Manuel Belgrano y Jose de San Martin, quizas merecerian una reflexión por si mismos, pero los mencionaremos, quizás desmereciendo su influencia, como exponentes de un pensamiento nacional que se plasmó en acciones concretas y abnegadas, ellos seguramente son, los grandes padres de nuestra Patria.
La puja entre aquellos dos modelos de país que mencionamos previamente fueron una constante durante los largos años de las guerras civiles. El fin de esos enfrentamientos constantes y el proceso de organización del Estado Nacional ya para la decada del sesenta del siglo XIX, estuvo en manos de una nueva generación politica que combinó razgos sociales conservadores con un gran progresismo economico y politico que catapultó al país de modo tal que durante el centenario, alla por 1910, la Argentina era considerada como la sexta economía del mundo y ubicada por los pensadores internacionalistas de la epoca como una de las futuras potencias mundiales, los siguientes cien años darían por tierra con aquellas predicciones.
Los politicos de aquella “Belle Epoque” argentina que implicó las ultimas cuatro décadas del siglo XIX, no solo se ocuparon de gobernar el naciente pais, sino que justificaron sus acciones con extensos trabajos literarios y de investigación que plasmaban sus ideas. La politica no solo se hacia y se ejercia, el modelo de país claramente se discutia con todos sus argumentos, las obras de Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre son un claro ejemplo de ello. El resultado del centenario que mencionamos antes, no era el resultado de una ayuda de la providencia, tenía más que ver con la trascendencia del pensamiento de las elites politicas argentinas de aquel entonces que se animaban a pensar un país para los proximos cien años.
La excepcionalidad de muchos de los proces historicos posteriores en la Argentina tuvieron que ver justamente con excepcionalidad de esa elite politica argentina de findes del Siglo XIX.
La llegada de las masas a la politica fue un fenómeno global de principios del Siglo XX, en la Argentina el camino se abrió rapidamente con la Ley Saenz peña de 1912 que consagraba el voto universal, secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones mayores de 18 años, esta fue para la epoca una de las legislaciones más avanzadas del mundo, claro reflejo del carácter cuasi-progresista general del espectro politico argentino de aquellos años.
La apertura a la participación de los sectores medios y populares implicó que una fuerza como la Unión Civica Radical, considerada como uno de lo primeros partidos politicos modernos de America Latina, llegue al poder en 1916 con Hipolito Yrigoyen a la cabeza.
La figura de Yrigoyen como lider de masas sería el primer antecedente de una tradición personalista que se arraigaría muy fuertemente en la politica argentina. El caudillo radical despertó amores y odios como ninguno hasta entonces y dividió la opinión pública de entonces entre partidarios y detractores, esta dualidad será otro de los rasgos propios de la politica argentina de allí en adelante, como un tumor maligno que debilita pero que nunca terminaría de matar al enfermo.
Y llegaría el primer golpe militar, la debilidad en las urnas de los conservadores representantes de la vieja elite devenida en una oligarquía que añoraba el confort pasado, motivó la participación politica de uno de los organos del Estado que más prestigio tenía hasta entonces, las fuerzas armadas.
El golpe de 1930 contra el Gobierno constitucional de Yrigoyen resultó mucho más nocivo en el largo plazo que lo que implico en aquel momento la destitución de un anciano presidente, las instituciones del Estado argentino nunca más serían lo mismo, la relatividad de la voluntad general y el carácter pretoriano del ejercito caracterizarían los siguientes cincuenta años de la vida publica del pais y serían a nuestro entender uno de los factores que más contribuyó al atraso de la nación.
Trece años duró el gobierno de los sectores conservadores, años muy convulsionados que se constituyeron en la antesala de uno de los fenomenos más excepcionales de la historia politica universal, una sintesis de las diversas caracteristicas que mencionamos combinadas con el pensamiento politico de un hombre de las armas que se volvió presidente constitucional, y que penso un modelo de país que nuevamente implicaría las mayores lealtades y la más acérrima oposición, todo ello y seguramente mucho más, fue el peronismo.
Entre 1946 y 1955, el Gobierno de Juan Domingo Perón, revolucionó el estilo de vida de la sociedad argentina. Por primera vez, se dio un verdadero fenomeno de movilidad social ascendente de los sectores bajos y medios basado en el incremento de la posibilidad de consumo de estos sectores, y anclado en una notable expanción de la Industria sustitutiva nacional. Además se llevó adelante un ambicioso programa de obras publicas que significó la creación de numerosos hospitales policlinicos y escuelas, como asi tambien colonias de vacaciones y hoteles populares en ciudades turisticas. El fuerte vinculo del peronismo con los principales sindicatos permitió tambien a estos, llevar adelante reclamos salariales tales que para principios de la decada de 1950, la participación asalariada en el PBI se elevaba a más de un 50%.
Otro pasó de importancia para el peronismo se dio con la reforma constitucional de 1949, que garantizaba los derechos economicos y sociales, hoy conocidos como de segunda generación, además de permitir entre otras cosas el voto femenino, hasta entonces inexistente.
Todos estos logros fueron motivando en las filas peronistas, la idea que todo aquel que se opusiera al peronismo se oponía a la patria. La creciente identificación del peronismo como sinonimo de verdadera argentinidad naturalmente excluyó a importantes sectores, en algunos casos acérrimos opositores o en otros simplemente no peronistas. De manera tal que durante los ultimos años del gobierno de Perón la belicosidad politica se hará presente en todos los ambitos, manifestandose así nuevamente, pero esta vez de forma mucho más exacerbada, la dualidad partidarios / detractores que se había visto durante el yrigoyenismo.
El nuevo golpe militar de 1955, el tercero de nuestra historia (los anteriores habian sido los de1930 y 1943), fue esencialmente un golpe anti-peronista. Este fue el comienzo de un periodo de tutelaje militar del Estado, las diferentes cupulas de las Fuerzas Armadas convencidas de la necesaria participación politica, se convirtieron en el legitimador de los difernetes gobiernos constitucionales. Entre 1957 y 1966 se sucedieron dos gobiernos radicales elegidos popularmente, obviamente sin la presencia del peronismo proscripto, tanto Frondizi como Illia debieron dejar sus cargos cuando las cupulas militares interpretaron que no era conveniente su permanencia.
La visión desarrollista de Frondizi y la posición neutralista y progresista del Gobierno de Illia, se contrapusieron notoriamente a la cosmovisión conservadora, economicamente liberal y anti-socialista de las cupulas militares dominantes, los dos modelos de país que se manifestaban desde las guerras de independencia, si bien con retoques contextuales, se dejaban ver nuevamente durante en aquellos años sesenta.
El golpa militar de 1966 tuvo la triste novedad de ser el primer gobierno castrense en permanecer en el gobierno por un largo periodo, las caracteristicas represivas del mandato de Onganía y sus sucesores hasta 1973, sería el preparativo para la epoca más oscura de la historia nacional algunos pocos años después.
Si bien el gobierno de la “Revolución argentina” (asi autoproclamó Onganía a su gobierno de facto) sustuvo politicas que sustuvieron de manera relativa a la industria nacional, comenzó a darse gradualemente un proceso de desindutrialización asentado en la apertura comercial y financiera, aunque en este periodo no se vió en todo su esplendor.
Todo este periodo estuvo marcado por la figura del peronismo proscripto y un Perón en el exilio que nunca dejó de estar presente en la vida politica del país. La idea del eterno retorno del General exiliado fue un fantasma para los diferentes gobiernos durante dieciocho años y finalmente se hizo realidad en 1973.
Un Perón ya anciano y muy deteriorado en su salud regresó como presidente e intentó pacificar una creciente virulencia politico-social motivada por el enfrentamiento entre sectores izquierdistas y la derecha, dualidad qie atravezaba a la mayor parte de las instituciones como las universidades, los sindicatos y las fuerzas armadas.
El Gobierno del 73-74 fue una suerte de “ojo del huracan”. Un Perón mucho más conciliador que el de veinte años atrás, pensó un modelo de país en el que convivieran deferentes posiciones politicas e ideologicas, un gobierno de concertación, pero su cuerpo no lo ayudó, murió el 1 de Julio de 1974 y con el murió la esperanza de pacificación social sin violencia.
El gravisimo deterioro de la económia y la creciente conflitividad y violencia social que se profundizaron durante el gobierno interino de María Estela Martinez de Perón, Isabelita, decantaron el desenlace final.
El 24 de Marzo de 1976, es quizas, la fecha más tristemente celebres de la historia argentina, ese dia se inició el proceso politico, economico y social más destructivo de los doscientos años de vida nacional.
Más allá de la barbarie que significaron los 30.000 argentinos desaparecidos entre 1976 y 1983, quizas las secuelas más duraderas del Proceso de Reorganización Nacional tienen que ver con la desarticulación del sistema productivo, resumido en la desindutrialización del país, la concentración de la riqueza en cada vez menos manos y el vertiginoso endeudamiento externo que afectaría de manera irreversible a la economía nacional durante los siguientes treinta años.
Si bien el Gobierno militar consiguió su objetivo de desactivar a las celulas terroristas de izquierda que atentaban a diario durante los primeros años de los setenta, esto lo consiguió a base de un total aplastamiento de la sociedad civil, un avasallamiento a los derechos individuales y una sistematica desarticulación del sistema productivo nacional. Y más aun, se enbarcó en una guerra mal planificada, cuyo resultado no fue capaz de asumir dejando las secuelas a la debil democracia que vendria después.
La voluntad popular quiso que Ricardo Alfonsin sea el nuevo presidente electo del país en 1983, más alla de lo partidario, aquel fue un año de gran algarabía popular por la recuperación de la posibilidad de elegir. Pero la realidad economica, politica y social arrojaban numeros negros. El legado del Proceso militar fueron entre otras cosas los primeros asentamientos conocidos como “villas miserias”, ya no barrios marginales o bajos, este fenomeno de las villas que nació durante los años de “plomo” nunca se detuvo, democracia no pudo revertirlo.
Es que si bien hubo un cambio de regimen politico la realidad nos muestra que muchos de los procesos iniciados durante ese segundo lustro de los setenta no se han detendido hasta el dia de hoy. Ni los gobiernos de Alfonsin, ni el de Menem pudieron contrarrestar procesos de desarticulación del tejido social, marginalidad, delincuencia, más aun, la economía argentina nunca pudo recuperarse y el camino de la desindustrialización siguió.
Aun implementando politicas disimiles, las gestiones de Alfonsin, Menem y De la Rua no pudieron impedir ese camino tortuoso que llevó a la mayor crisis institucional y social de la historia argentina, la crisis del 2001.
Dicen los que saben, que es muy difícil reflexionar sobre un hecho historico de relativa reciente data como este, quizas los juicios de valor no sean acertados o no lleguen a analizar la profundidad de las consecuencias de aquel hecho. La Crisis, seguramente en el largo plazo marcará un antes y un después en la historia argentina.
Los gobiernos de Nestor y Cristina Kirchner no se han diferenciado mucho de sus predecesores, pero seguramente la sociedad argentina ya no se verá a si misma como antes.
En esta opinión, los efectos de esa crisis todavía estan presentes, quizas la crisis no haya sido del 2001, quizas todavía estemos en una crisis de identidad como pueblo; quizas de esa crisis nazca una sociedad que pueda entenderse mejor a si misma, que comprenda que no somos ni los mejores ni los peores, pero que podemos esforzarnos por crecer. Quizas el resultado de esta crisis de identidad que hoy vivimos, sea una sociedad madura que pueda respetar la opinión del otro, porque ese otro es un hermano, hijo de una misma Patria, aun cuando piense diferente.
Muchas sociedades han vivido momentos como estos y en todas hay un elemento común que nos puede servir. Volver los ojos a los que forjaron la Nación, siempre será bueno mirar el trabajo incansable de otros argentinos antes que nosotros, ellos trabajaron sin ver el premio, pero creyendolo con una fe admirable.
Quizas hoy, en el bicentenario, empecemos a escribir la historia de un gran país que se levanto de las ruinas, y asi nos recuerden las futuras generaciones de argentinos.
Quizas, este bicentenario, sea el tiempo de creer con Fe que un gran país es posible y empezar a trabajar duro para conseguirlo, aun cuando lo lleguemos a ver de lejos.
Si ponemos en perspectiva estos dos siglos de historia oficial argentina, con la extensisima historia universal de las civilizaciones, concluiriamos rapidamente que somos indefectiblemente una nación muy joven, con una historia muy corta.
Sin embargo ello no sería suficiente para justificar procesos inconclusos o debilidades estructurales propias de un Estado-Nación recien constituído porque de hecho, si evaluamos dichos desvaríos sociales o institucionales y tenemos en cuenta otros ejemplos de países “jovenes” como los EE.UU., Canadá o Australia, doscientos años no es poco.
Pero ¿podemos hacer un balance general de doscientos años de independencia politica? Empezaremos con un recorrido historico.
Quizas el comienzo de las paradojas en nuestra historia sea el primer gobierno patrio alla en 1810, y diremos así, porque ese primer paso independentista estuvo dado por la ausencia de un gobierno en la metropolis y de hecho esta primera junta se constituyo en nombre del cautivo rey Fernando VII, quien sería el primer gran enemigo de la joven Argentina algunos años después.
A pesar de todo ello, este primer Gobierno manifestaba en las ideas de sus miembros dos grandes visiones que perduararían en el imaginario politico argentino por muchisimos años.
Por un lado los conservadores, con Cornelio Saavedra a la cabeza, que veían la necesidad de mantener un vínculo cuasicolonial con España o la potencia que fuere en el caso que esta ultima se encontrara imposibilitada. Para estos, era imperioso el mantenimiento del Status Quo y la no modificación de los privilegios sociales y economicos del periodo colonial. Esta facción temía una “revolución” al estilo francés en 1789, con sus respectivas consecuencias y siguió otorgandole a los españoles privilegios sobre los criollos y por supuesto a los nativos. Su cosmovisión centrada en la superioridad europea fue y probablemente es, uno de los rasgos más fuertes de la genetica de las elites argentinas.
Los otros, encabezados por Mariano Moreno y por Juan José Castelli, fueron los romanticos de aquel mayo del 10, creyeron profundamente en la revolución como una transformación politica, social y economica radical, como el inicio de la liberación del hombre americano oprimido por el hombre español. Aun cuando se los acusó constantemente de jacobinos radicales (en alusión a una de la facciones más radicales de la revolución francesa, identificados con las ideas de Rousseau), sus pensamientos combinaban ideas roussounianas con postulados de los independentistas norteamericanos, y con el pensamiento economico liberal inglés, dejando en claro el carácter avanzdo y moderno de sus ideas.
La vida publica argentina de aquella primera parte del siglo XIX, estuvo marcada por la presencia de grandes hombres en todos los sentidos. Manuel Belgrano y Jose de San Martin, quizas merecerian una reflexión por si mismos, pero los mencionaremos, quizás desmereciendo su influencia, como exponentes de un pensamiento nacional que se plasmó en acciones concretas y abnegadas, ellos seguramente son, los grandes padres de nuestra Patria.
La puja entre aquellos dos modelos de país que mencionamos previamente fueron una constante durante los largos años de las guerras civiles. El fin de esos enfrentamientos constantes y el proceso de organización del Estado Nacional ya para la decada del sesenta del siglo XIX, estuvo en manos de una nueva generación politica que combinó razgos sociales conservadores con un gran progresismo economico y politico que catapultó al país de modo tal que durante el centenario, alla por 1910, la Argentina era considerada como la sexta economía del mundo y ubicada por los pensadores internacionalistas de la epoca como una de las futuras potencias mundiales, los siguientes cien años darían por tierra con aquellas predicciones.
Los politicos de aquella “Belle Epoque” argentina que implicó las ultimas cuatro décadas del siglo XIX, no solo se ocuparon de gobernar el naciente pais, sino que justificaron sus acciones con extensos trabajos literarios y de investigación que plasmaban sus ideas. La politica no solo se hacia y se ejercia, el modelo de país claramente se discutia con todos sus argumentos, las obras de Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre son un claro ejemplo de ello. El resultado del centenario que mencionamos antes, no era el resultado de una ayuda de la providencia, tenía más que ver con la trascendencia del pensamiento de las elites politicas argentinas de aquel entonces que se animaban a pensar un país para los proximos cien años.
La excepcionalidad de muchos de los proces historicos posteriores en la Argentina tuvieron que ver justamente con excepcionalidad de esa elite politica argentina de findes del Siglo XIX.
La llegada de las masas a la politica fue un fenómeno global de principios del Siglo XX, en la Argentina el camino se abrió rapidamente con la Ley Saenz peña de 1912 que consagraba el voto universal, secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones mayores de 18 años, esta fue para la epoca una de las legislaciones más avanzadas del mundo, claro reflejo del carácter cuasi-progresista general del espectro politico argentino de aquellos años.
La apertura a la participación de los sectores medios y populares implicó que una fuerza como la Unión Civica Radical, considerada como uno de lo primeros partidos politicos modernos de America Latina, llegue al poder en 1916 con Hipolito Yrigoyen a la cabeza.
La figura de Yrigoyen como lider de masas sería el primer antecedente de una tradición personalista que se arraigaría muy fuertemente en la politica argentina. El caudillo radical despertó amores y odios como ninguno hasta entonces y dividió la opinión pública de entonces entre partidarios y detractores, esta dualidad será otro de los rasgos propios de la politica argentina de allí en adelante, como un tumor maligno que debilita pero que nunca terminaría de matar al enfermo.
Y llegaría el primer golpe militar, la debilidad en las urnas de los conservadores representantes de la vieja elite devenida en una oligarquía que añoraba el confort pasado, motivó la participación politica de uno de los organos del Estado que más prestigio tenía hasta entonces, las fuerzas armadas.
El golpe de 1930 contra el Gobierno constitucional de Yrigoyen resultó mucho más nocivo en el largo plazo que lo que implico en aquel momento la destitución de un anciano presidente, las instituciones del Estado argentino nunca más serían lo mismo, la relatividad de la voluntad general y el carácter pretoriano del ejercito caracterizarían los siguientes cincuenta años de la vida publica del pais y serían a nuestro entender uno de los factores que más contribuyó al atraso de la nación.
Trece años duró el gobierno de los sectores conservadores, años muy convulsionados que se constituyeron en la antesala de uno de los fenomenos más excepcionales de la historia politica universal, una sintesis de las diversas caracteristicas que mencionamos combinadas con el pensamiento politico de un hombre de las armas que se volvió presidente constitucional, y que penso un modelo de país que nuevamente implicaría las mayores lealtades y la más acérrima oposición, todo ello y seguramente mucho más, fue el peronismo.
Entre 1946 y 1955, el Gobierno de Juan Domingo Perón, revolucionó el estilo de vida de la sociedad argentina. Por primera vez, se dio un verdadero fenomeno de movilidad social ascendente de los sectores bajos y medios basado en el incremento de la posibilidad de consumo de estos sectores, y anclado en una notable expanción de la Industria sustitutiva nacional. Además se llevó adelante un ambicioso programa de obras publicas que significó la creación de numerosos hospitales policlinicos y escuelas, como asi tambien colonias de vacaciones y hoteles populares en ciudades turisticas. El fuerte vinculo del peronismo con los principales sindicatos permitió tambien a estos, llevar adelante reclamos salariales tales que para principios de la decada de 1950, la participación asalariada en el PBI se elevaba a más de un 50%.
Otro pasó de importancia para el peronismo se dio con la reforma constitucional de 1949, que garantizaba los derechos economicos y sociales, hoy conocidos como de segunda generación, además de permitir entre otras cosas el voto femenino, hasta entonces inexistente.
Todos estos logros fueron motivando en las filas peronistas, la idea que todo aquel que se opusiera al peronismo se oponía a la patria. La creciente identificación del peronismo como sinonimo de verdadera argentinidad naturalmente excluyó a importantes sectores, en algunos casos acérrimos opositores o en otros simplemente no peronistas. De manera tal que durante los ultimos años del gobierno de Perón la belicosidad politica se hará presente en todos los ambitos, manifestandose así nuevamente, pero esta vez de forma mucho más exacerbada, la dualidad partidarios / detractores que se había visto durante el yrigoyenismo.
El nuevo golpe militar de 1955, el tercero de nuestra historia (los anteriores habian sido los de1930 y 1943), fue esencialmente un golpe anti-peronista. Este fue el comienzo de un periodo de tutelaje militar del Estado, las diferentes cupulas de las Fuerzas Armadas convencidas de la necesaria participación politica, se convirtieron en el legitimador de los difernetes gobiernos constitucionales. Entre 1957 y 1966 se sucedieron dos gobiernos radicales elegidos popularmente, obviamente sin la presencia del peronismo proscripto, tanto Frondizi como Illia debieron dejar sus cargos cuando las cupulas militares interpretaron que no era conveniente su permanencia.
La visión desarrollista de Frondizi y la posición neutralista y progresista del Gobierno de Illia, se contrapusieron notoriamente a la cosmovisión conservadora, economicamente liberal y anti-socialista de las cupulas militares dominantes, los dos modelos de país que se manifestaban desde las guerras de independencia, si bien con retoques contextuales, se dejaban ver nuevamente durante en aquellos años sesenta.
El golpa militar de 1966 tuvo la triste novedad de ser el primer gobierno castrense en permanecer en el gobierno por un largo periodo, las caracteristicas represivas del mandato de Onganía y sus sucesores hasta 1973, sería el preparativo para la epoca más oscura de la historia nacional algunos pocos años después.
Si bien el gobierno de la “Revolución argentina” (asi autoproclamó Onganía a su gobierno de facto) sustuvo politicas que sustuvieron de manera relativa a la industria nacional, comenzó a darse gradualemente un proceso de desindutrialización asentado en la apertura comercial y financiera, aunque en este periodo no se vió en todo su esplendor.
Todo este periodo estuvo marcado por la figura del peronismo proscripto y un Perón en el exilio que nunca dejó de estar presente en la vida politica del país. La idea del eterno retorno del General exiliado fue un fantasma para los diferentes gobiernos durante dieciocho años y finalmente se hizo realidad en 1973.
Un Perón ya anciano y muy deteriorado en su salud regresó como presidente e intentó pacificar una creciente virulencia politico-social motivada por el enfrentamiento entre sectores izquierdistas y la derecha, dualidad qie atravezaba a la mayor parte de las instituciones como las universidades, los sindicatos y las fuerzas armadas.
El Gobierno del 73-74 fue una suerte de “ojo del huracan”. Un Perón mucho más conciliador que el de veinte años atrás, pensó un modelo de país en el que convivieran deferentes posiciones politicas e ideologicas, un gobierno de concertación, pero su cuerpo no lo ayudó, murió el 1 de Julio de 1974 y con el murió la esperanza de pacificación social sin violencia.
El gravisimo deterioro de la económia y la creciente conflitividad y violencia social que se profundizaron durante el gobierno interino de María Estela Martinez de Perón, Isabelita, decantaron el desenlace final.
El 24 de Marzo de 1976, es quizas, la fecha más tristemente celebres de la historia argentina, ese dia se inició el proceso politico, economico y social más destructivo de los doscientos años de vida nacional.
Más allá de la barbarie que significaron los 30.000 argentinos desaparecidos entre 1976 y 1983, quizas las secuelas más duraderas del Proceso de Reorganización Nacional tienen que ver con la desarticulación del sistema productivo, resumido en la desindutrialización del país, la concentración de la riqueza en cada vez menos manos y el vertiginoso endeudamiento externo que afectaría de manera irreversible a la economía nacional durante los siguientes treinta años.
Si bien el Gobierno militar consiguió su objetivo de desactivar a las celulas terroristas de izquierda que atentaban a diario durante los primeros años de los setenta, esto lo consiguió a base de un total aplastamiento de la sociedad civil, un avasallamiento a los derechos individuales y una sistematica desarticulación del sistema productivo nacional. Y más aun, se enbarcó en una guerra mal planificada, cuyo resultado no fue capaz de asumir dejando las secuelas a la debil democracia que vendria después.
La voluntad popular quiso que Ricardo Alfonsin sea el nuevo presidente electo del país en 1983, más alla de lo partidario, aquel fue un año de gran algarabía popular por la recuperación de la posibilidad de elegir. Pero la realidad economica, politica y social arrojaban numeros negros. El legado del Proceso militar fueron entre otras cosas los primeros asentamientos conocidos como “villas miserias”, ya no barrios marginales o bajos, este fenomeno de las villas que nació durante los años de “plomo” nunca se detuvo, democracia no pudo revertirlo.
Es que si bien hubo un cambio de regimen politico la realidad nos muestra que muchos de los procesos iniciados durante ese segundo lustro de los setenta no se han detendido hasta el dia de hoy. Ni los gobiernos de Alfonsin, ni el de Menem pudieron contrarrestar procesos de desarticulación del tejido social, marginalidad, delincuencia, más aun, la economía argentina nunca pudo recuperarse y el camino de la desindustrialización siguió.
Aun implementando politicas disimiles, las gestiones de Alfonsin, Menem y De la Rua no pudieron impedir ese camino tortuoso que llevó a la mayor crisis institucional y social de la historia argentina, la crisis del 2001.
Dicen los que saben, que es muy difícil reflexionar sobre un hecho historico de relativa reciente data como este, quizas los juicios de valor no sean acertados o no lleguen a analizar la profundidad de las consecuencias de aquel hecho. La Crisis, seguramente en el largo plazo marcará un antes y un después en la historia argentina.
Los gobiernos de Nestor y Cristina Kirchner no se han diferenciado mucho de sus predecesores, pero seguramente la sociedad argentina ya no se verá a si misma como antes.
En esta opinión, los efectos de esa crisis todavía estan presentes, quizas la crisis no haya sido del 2001, quizas todavía estemos en una crisis de identidad como pueblo; quizas de esa crisis nazca una sociedad que pueda entenderse mejor a si misma, que comprenda que no somos ni los mejores ni los peores, pero que podemos esforzarnos por crecer. Quizas el resultado de esta crisis de identidad que hoy vivimos, sea una sociedad madura que pueda respetar la opinión del otro, porque ese otro es un hermano, hijo de una misma Patria, aun cuando piense diferente.
Muchas sociedades han vivido momentos como estos y en todas hay un elemento común que nos puede servir. Volver los ojos a los que forjaron la Nación, siempre será bueno mirar el trabajo incansable de otros argentinos antes que nosotros, ellos trabajaron sin ver el premio, pero creyendolo con una fe admirable.
Quizas hoy, en el bicentenario, empecemos a escribir la historia de un gran país que se levanto de las ruinas, y asi nos recuerden las futuras generaciones de argentinos.
Quizas, este bicentenario, sea el tiempo de creer con Fe que un gran país es posible y empezar a trabajar duro para conseguirlo, aun cuando lo lleguemos a ver de lejos.
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