miércoles, 13 de mayo de 2009

La verdadera amenaza global



Luis Ignacio Cabrera

Es un tema que cada vez va ganando más relevancia en las secciones de política internacional de las diferentes publicaciones alrededor del mundo, pero que ya es verdaderamente preocupante. El avance Taliban en Pakistán es, sin lugar a dudas, una de las amenazas más importantes que afronta la comunidad internacional en estos días.

Ya han pasado más de siete años desde el comienzo de la intervención estadounidense en Afganistán, allá por octubre de 2001, está generó el desplazamiento gradual de los milicianos talibánes hacia la frontera con Pakistán, milicianos que paradójicamente el gobierno republicano de Ronald Reagan había entrenado y armado en su lucha contra la invasión soviética en los años ochenta. El repligue talibán que lo llevo a territorio pakistaní, lo que terminó resultando por demás de beneficioso para ellos, ya que encontraron en las poblaciones del norte de Pakistán, olvidadas económica y políticamente por el gobierno de Islamabad, un publico muy atento a sus enseñanzas ultrarradicales. Así el avance Talibán fue gradual pero persistente hasta encontrarse hoy enfrentados cara a cara con ejercito pakistaní a solo 150 km.de la capital en el valle de Swat.

La particularidad de los talibanes como grupo insurgente, es su extremo radicalismo religioso, su objetivo político puede resumirse en dos premisas:

Por una lado, imponer la Sharia o ley islámica de una manera literal en todo el mundo musulmán, lo que significa un fuertísimo retroceso en las costumbres de vida de países musulmanes modernos como Pakistán, en el que las mujeres se verían excluidas de hasta los más mínimos derechos y los hombres serían obligados a llevar adelante una vida de ascetismo religioso extremo, a tal punto que se prohibirían la practica de deportes o el rasurarse la barba por ejemplo. En realidad estas medidas ya están en pleno vigor en los territorios controlados por el Talbán.

Y por otra parte, los maestros religiosos talibanes, exigen a todo buen musulmán, el castigo a los “infieles”, lo cual no solamente implica el ajusticiamiento de todo aquel que profese otras religiones como la cristiana, la hindú o el judaísmo, sino también la pena capital para todo musulmán que sea tolerante con las costumbres occidentales.

Esta situación ha encendido, hace tiempo ya, la alarma en Washington, adonde se teme la posibilidad que el gobierno pakistaní caiga ante el avance talibán y estos se apoderen del armamento nuclear que Pakistán ha desarrollado a partir de su histórico enfrentamiento con India, con las terribles consecuencias que ello podría generar. Esta preocupación ha motivado a los EE.UU. no solamente a presionar al gobierno de Pakistán para que haga algo, sino también a intervenir directamente aunque hasta el momento de manera parcial.

Personalmente he sido muy critico con las intervenciones norteamericanas recientes, en especial durante el derrocamiento de Saddam Hussein en Irak y la posterior ocupación de aquel país, ya que los justificativos para las mismas se sustentaron en supuestos que finalmente nunca fueron probados, más aun, la mayor cantidad de muertos en dichos enfrentamientos han sido civiles inocentes, lo que torna insostenible una intervención tal y con un carácter fuertemente unilateral. Pero en el caso del combate contra los talibanes creo que debería ser unánime el apoyo a la ofensiva, de la comunidad internacional toda, la cual hasta ahora ha tomado una actitud por demás de pasiva, dejando nuevamente en manos de los EE.UU. la labor, cosa que seguramente después será criticada como la continuación del unilateralismo norteamericano, sin embargo, con sus constantes equívocos en la acción internacional reciente, la Casa Blanca es hasta ahora la única comprometida realmente en ayudar al gobierno pakistaní y a combatir a los Talibanes.

¿Por que digo que debería ser unánime la respuesta? Simplemente porque los talibanes representan una verdadera amenaza a la libertad individual de los ciudadanos de los países en riesgo, su interpretación radical del Corán y de las enseñanzas pseudo -islámicas, poco tienen que ver con la esencia de los mismos. Además sus prácticas atentan directamente contra los derechos humanos básicos de la vida y la libertad, y es por ello que es el deber de la comunidad internacional enfrentarlos.