martes, 17 de marzo de 2009

La verdadera inseguridad

Luis Ignacio Cabrera

Desde hace un tiempo a esta parte la cuestión de la inseguridad se ha instalado de tal manera en la opinión publica, que en medio de un profundo conflicto de la educación en nuestro país y mientras muchos científicos e intelectuales buscan horizontes en otros países por la falta de oportunidades en el nuestro (consumándose la siempre vigente “fuga de cerebros”), los medios de comunicación se muestran empecinados en su cruzada por “hartar” al consumidor con su producto de violencia, una violencia que si bien es real, viene empaquetada de tal manera que produce miedo y ganas de vengarse. Así, se publican encuestas en las que la mayoría de la gente opina que la inseguridad es, por mucho, el principal tema de importancia en nuestra realidad, dejando en quinto o sexto lugar a cuestiones como la falta de trabajo o el conflicto docente que paraliza las clases en las escuelas de todo el país (quizás que sean escuelas publicas las que en su mayoría paran, atenúa los deseos de muchos por resolver el problema).
No quiero decir que el problema de los robos, secuestro y asesinatos a sangre fría no sea algo importante, seguro que lo es, y más cuando se vive en carne propia, pero cuando lo único que se puede ver o escuchar, es la violencia en estado puro y no se fomenta en ningún caso, el debate sobre temas que son las raíces de una sociedad violenta (como el consumo de droga y de alcohol en exceso, entre muchos otros) es evidente que los resultados son la búsqueda de venganza y castigo, “la pena de muerte” sin siquiera mirar de reojo el “quid” de la cuestión.
Los medios son responsables y el Gobierno también, los primeros parecen responder a intereses particulares poco loables y hasta a veces siniestros; el segundo pretende instalar una agenda mediática que encaje con las necesidades de un año electoral, parece vivir el día a día, y para ello la nueva ley de radiodifusión parece ser una estrategia perfecta pero fácilmente desechable en caso que no reditúe al empeño electoral, ampliamente reclamada por muchos de los que ponderamos la libertad de expresión, permanece sin embargo, totalmente cerrada al debate.
En realidad no debería asombrarnos mucho, que los medios defiendan intereses particulares poco claros o que el gobierno busque fortalecerse para ganar las elecciones utilizando las armas que se le vengan a la mano sin pensar en siquiera un mediano plazo, estas cosas ocurrieron siempre y no creo que sea realista cambiarlas de un día para el otro, pero si hay algo a lo que puede aspirar la ciudadanía es a contar con medios para pensar, discutir, escuchar y opinar. La fuerza de la opinión publica es la única herramienta real de transformación que tienen los ciudadanos en las democracias modernas, de hecho es el principal elemento de todo sistema que se jacte de democrático, son esos espacios donde uno puede formarse, interactuar con otros y expresarse. Pero la opinión hoy en nuestra Argentina, está monopolizada, cuando no es la inseguridad, son las elecciones y sino el conflicto del campo, todos temas de gran importancia, pero ¿son realmente los temas centrales para el futuro del país? ¿Cuánto influirán en el futuro de la Nación estas problemáticas y cuanto lo harán la decadencia de la educación, la desnutrición general que sufre la infancia o el desaprovechamiento y mal uso de los recursos como el suelo y el agua? No es muy difícil contestarlo para nosotros, aunque parece que si lo es para muchos en el poder y en los medios.
Así, la verdadera inseguridad es la del futuro de una sociedad que no sabe distinguir cuales son sus problemas más importantes.

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