martes, 4 de noviembre de 2008

El "Chivo expìatorio" de una sociedad hipocrita

El verdadero problema de la inseguridad no se resuelve bajando la edad de imputabilidad de los menores de edad. Es más, esta visión está centrada en la opinión instalada de que estos adolescentes o niños tienen que ser castigados como adultos, pero ¿cuál es el fin de ello? Esa es la pregunta, quizás, menos respondida desde que el tema está en boca de todos.
¿Cuáles el fin de tener a una persona detenida y privada de su libertad? Los manuales y las leyes responden generalmente que el motivo es resguardar a la sociedad de la conducta del delincuente y proporcionar un lugar que motive una futura reinserción del mismo, entre algunos que podríamos mencionar. Ahora bien, queda claro que en el segundo de estos objetivos, las cárceles (en el caso de los mayores) y los centros (para menores) no han tenido resultados positivos; pero peor aun han sido los resultados logrados en el primero de los postulados, es que la misma sociedad se ha convertido en una maquina de crear de personas que viven por fuera de la ley, por esto es que por más que bajemos la edad de imputabilidad y más cantidad de menores queden privados de su libertad en diferentes instituciones, esta sociedad de frenético consumismo y extrema histeria, encontrará siempre materia prima para incubar delito.
La mayor parte de los medios de comunicación cuando trata el tema y sus causas lo hace con un aterrador simplismo, a tal punto que pareciera que los menores que roban, secuestran, torturan y matan, han venido de algún otro planeta, ajeno a esta sociedad, un lugar siniestro lleno de todo tipo de males y que la solución pasa por encerrarlos desde más pequeños, la verdad es que pocas veces he visto tal unanimidad a la hora de tratar un tema por parte de los mayores medios. Estos “planetas distantes ” esos “infiernos en la tierra”, que conciente e inconscientemente nuestra comunidad quiere ignorar, son esos ghettos de exclusión donde la aplicación de la economía de mercado no regulada ha mostrado su verdadera cara, esos lugares son las mejores escuelas de delito porque allí la exclusión y la miseria es la regla, no la excepción. Mientas muchos piensan en arrasar esos barrios, nuestra sociedad los aísla cada vez más, por miedo o por bronca, y no se toma plena conciencia que a mayor aislamiento, mayor exclusión, y a mayor exclusión mayor delincuencia.
Muchos otros plantean la solución extrema de erradicar esos lugares, para reubicar a la gente que vive en ellos, en lugares “más dignos”, pero sinceramente creo que esta sociedad misma crearía “nuevos ghettos” con una rapidez asombrosa, porque la exclusión esta el núcleo de la vida social argentina de las ultimas décadas. La irresponsabilidad mediática, la corrupción política, la desidia, el “vale todo” por dinero o por poder, los treinta segundos de fama en cualquier programa mediocre... nadie se hace cargo, ni los comunicadores, ni los periodistas, ni los dirigentes políticos, y ahora resulta que encontramos el “chivo expiatorio” perfecto: los adolescentes y jóvenes pobres, que no solo son los abusados, golpeados y discriminados desde el nacimiento, sino que ahora los van a poder meter presos desde más pequeños, es que ellos son los culpables de que los señores grandes de esta sociedad irresponsable vivan con miedo, una sociedad con tales niveles de hipocresía ya está condenada a fracasar en todo lo que emprenda.
Seguramente la inseguridad es un tema prioritario y no es concebible que un menor o cualquier otra persona le quite la vida a sus semejantes por monedas; sin dudas que no podremos resistir mucho más con estos niveles de violencia social, pero es peligroso pensar que la solución está en tomar medidas totalmente superficiales creyendo que esto ayudará. Seguramente es hora que como sociedad nos demos el tiempo para sincerarnos de verdad y planteemos soluciones de fondo, aunque su efecto sea de largo plazo y lo disfruten los que vengan después de nosotros.

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